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La vuelta de Callejeros. E-mail
Wednesday, 27 September 2006, por Leonardo Sai
Si calla el cantor, calla la vida: la vuelta de Callejeros es un documento vivo, una estética del presente, un dolor que nos hace pensar nuestra sociedad.


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La vuelta de Callejeros.

Por Leonardo Sai.

 

Callejeros es el documento vivo del drama de una generación. Cromagnon es símbolo de ese dolor: esas zapatillas colgadas, sucias y desprolijas, las mías; las que podría haber calzado, la de amigos que no conoceré, aquellos que podrían haber muerto, y los muertos que viven en la pasión de quienes sienten en canciones sus propios decires. Hay tragedias que llenan las páginas de los féretros periodísticos de la información permanente, y otras simbólicas que pertenecen a la capacidad de las generaciones de pensarse a sí mismas: experiencias de lo social vivido. Desaparecidos, Malvinas, Cromagnon son funcionamientos de la máquina suicida al interior de nuestra sociedad.  Los ojos del Pato parecen apagarse como el  fuego de quien prefiere asarse lentamente. La fuerza de ese cantante, esa voluntad que debe seguir pese a todo; pese a unos carneros que desean apaciguar la culpa que los corroe vistiendo los ropajes resentidos de una policía vengativa, flameando las hipócritas banderas de una moral perversa, haciéndose expresión de la mala conciencia del fascismo mediático. En esos ojos, en esa simpleza de una lírica urbana, social, política y afectiva, hay una estética del presente argentino: una condensación sincera, polisémica, irreductible a los análisis de las sofistiquerías de la hermenéutica. Se trata de la autoexperiencia de una generación, el procesamiento de un dolor, de la masa, por la masa, a través de su líder. La sociedad es un sistema de autovivencias en conexiones necesarias y múltiples, localizable por bordes siempre franqueables, siempre permeables, en la medida de aquello que se conciba y sienta como libertad: pagar el costo es tasar el precio de los muros.  El pato arranca diciendo “Nosotros, como sociedad...”

 

Hay algunos reventados, como el genial Fernando Peña, que consideran que lo que hay que hacer es levantar todos los diques, legalizar toda la droga, y que caigan desplomados los demasiado tentados a la muerte rápida (fast death)  No es nada fácil la relación con el goce. No creo que exista un sabergozar, pero sí existe el gozar, el exceso. Existen montajes de personalidades mediáticas con los cuales los neuróticos televidentes, abatidos en el sofá, pueden practicar su privado vampirismo chupando del plasma digital las experiencias “vivas” del reviente fashion gay semi lesbico transexualistoide búdico ecológico anticristiano y sádico vegetariano.

 

La tragedia de once, al igual que los eventos masivos de entretenimiento, muestran la experiencia de la carne, que quisiera organizarse como un cuerpo, dominada por un individualismo de masas bajo la forma del entretenimiento mediático.  La masa se experimenta a sí misma bajo el sesgo de individuaciones elementales de una vulgaridad amorfa, abandonados, precisamente, a un programa que presupone de antemano la condición masiva, vulgar y despreciable de las masas en escena. El animal humano ya no vibra y siente con el cuerpo: se filma.  No experimenta, se registra. Para pensar qué pasó, quizás, muchos necesiten alguna cerveza fría, otros la soledad de una pieza, y todos, en ese tumultuoso aislamiento de los muchos, el último Cd de Callejeros.  Sin embargo, el estadio lleno muestra otra escena.

 

Que muchos se hayan podido reunir, congregar por una sensibilidad común, por un dolor compartido, hace de la vuelta de Callejeros un hecho social distinto a todos rituales de la urbanidad disgregada en ghettos para el consumo adolescente. A diferencia de muchas voces que se dicen y son presentadas como adultas los jóvenes que inundaron la cancha en Córdoba se han hecho cargo del ejercicio de su libertad: sienten que tienen que ver con lo que les pasó.  El resto seguirá pidiendo la sangre de Ibarra, de Chabán, del Pato o de Menem. 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Precio: 000

Comentario[s]

que verguenza.
14/10/2006 17:14, por Fabián Jara

 
la vuelta de estas anomalias humanas 
es una de las peores cosas 
que sucedieron este año. 


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