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Psicopolìtica y Estatidad E-mail
Tuesday, 03 October 2006, por Leonardo Sai
¿Què es un mestizo? Este informe domiciliario para la càtedra de Waldo Ansaldi en Historia social latinoamericana, UBA, Facultad de Sociales, analiza, entre otras cosas, la psicologìa bastarda de nuestra tierra.


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Psicopolítica y Estatidad.

Por Leonardo Sai

 

“Ningún pueblo podría vivir sin antes realizar valoraciones;

mas si quiere conservarse no le es lícito valorar como valora el vecino”

“De las mil metas, de la única meta”

 Así habló Zaratrusta, Federico Nietzsche

 

Problemática—.  Lo que se entiende bajo el concepto de América latina[1], esto es, la creación de un lenguaje que permita pensarnos como algo en lugar de la nada, una historia marcada por las fuerzas que pujaron la dirección/sentido de una tierra, no es la composición de luchas bipolares bajo el imperio de un sentido que sería —siempre en esos hermosos inventos de las ultimas instancias o de las ficciones necesarias— la del hombre liberado del yugo del trabajo asalariado o aquellos otros célebres relatos acerca de las identificaciones. El primer relato alucina una América Latina con lucha de clases.  Pero nuestra América capitalista no tiene Revolución Francesa.  Es un relato disfrazado de crítica que se sostiene y ficcionaliza como “historia nacional”.  El segundo relato problematiza lo que podríamos llamar una cuestión de identidad. América no es lo radicalmente Otro, lo inaprensible, lo inasible, la diferencia absoluta.  Tampoco es lo comprensible de suyo, esto es, la incomprensibilidad del fenómeno bajo el modo del término medio.  Colón choca contra una geografía informe para la cual no dispone de concepto alguno: Usa lo que tiene.  Lo nuevo no se aprehende de golpe sino mediante recortes, retazos, quiebres, espacios: la Conquista ve las Indias.  A esa América concebida como experiencia radicalmente otra o como duplicado fallido de una Europa ideal se la intentará descifrar bajo las brumas resultado de mecanismos de dominación: será la hermenéutica del polvo, no de la guerra.  En su ineludible ensayo “El pecado original en América” Héctor A. Murena decía: “... la imagen de Europa queda en lo hondo de su ser como un purísimo ideal, como un paraíso por volver al cual el alma suspira siempre.  Cuando al cabo —si puede— vaya a Europa y vea, verá lo que quiera, esto es, lo mismo que pensaba, pues la misma voluntad idealizadora se pondrá en marcha para que su visión perciba sólo los rasgos de su ideal, y lo demás pase callada, sofocadamente.  En verdad, idealmente se halla siempre en Europa, con lo queda consumado el rechazo de la culpa originaria, la recusación de su tierra natal” Se trata de relatos que envuelven o desenvuelven algún fantasma fundamental, mito de base, ensoñamiento colectivo, inconsciente socia: la entrada de América a la humanidad como surgimiento de la Conciencia se va a llamar Martinez Estrada. El gaucho y su poema o la metafísica del pampeano o el plasma mítico unificador, ese ethos adhesivo: Carlos Astrada.  Como afirma Tomás Abraham[2]: “El gaucho de Astrada es héroe, sabio y fuente de nacionalidad, es filósofo y cuchillero, hijo del matadero y de la academia, degollador y lector, metafísico y rastreador.  Un Heidegger que en lugar de cortejar campesinas de Selva Negra, se las emprende con nuestros peones bonaerenses.  Pero el gaucho de Estrada es mestizo...  ¿Qué es un mestizo?  ¿Es la maravillosa cruza que hace a los seres superiores? Es cierto que los amantes de la pureza mítica desprecian los mestizajes porque la sangre se envilece; pero más allá del racismo de la pureza, hay quienes alaban las glorias del devenir, del nomadismo, del gitanismo romántico, de la fraternidad universal, de la no discriminación y la igualdad, y del reconocimiento de nuestro común origen bastardamente estupendo.  Pero para Estrada el mestizo es un resentido con historia... la psicología de un hijo humillado, en el que un complejo de inferioridad irritado por la ignorancia puede llegar a producir un medio propicio a la violencia y al capricho.  La inamadversión del mestizo contra el blanco y contra el indio es un carácter psicológico de sumo interés para la historia. Ha de considerarse también como respuesta al desprecio que por él tuvieron el banco y el indio... Para Martínez Estrada no se puede comprender la historia de nuestro continente si se prescinde del problema moral del mestizo.... Adoptado por la poética, la mitología y la filosofía, se ha sublimado...”  Tomás Abraham en su prosa satírica nos mostraba la escena de un juego del lenguaje: el debate de un Astrada con A y su plasma mítico en movimiento a cuatro vientos latinoamericanos y un Estrada con E y el mestizaje resentido devenido aluvión zoológico. Esta gauchiburguesía muestra la metamorfosis crítica que Marx denominaba “de los carniceros devenidos en perros”. El viviseccionador, el desengañado, finalmente, atrapado en la superficie. La expresión satírica de Marx hace referencia a los teóricos que piensan con las categorías sumistradas por el poder sin problematizar la categoría misma.  Todas aquellas nombradas baterías del espíritu no son otra cosa que el lácteo hegeliano al servicio de la lectura estatal de la historia[3]. Bajo la dominante Marx será la dialéctica invertida de un concepto esférico y nuestra finita razón contemplará el todo del reino mercantil, estirará los bordes del concepto, como lubricante, para la perversión pasiva del teórico objetivista[4].  Las venas abiertas de América latina derraman sangre. No es la sangre de una virgen violada por la maldad humana de la conquista ruin. Es la historia de la expansión del capitalismo. Entender la gramática de las relaciones de poder es entender un periodo, un sistema, una serie, matices.  ¿Cuáles son las relaciones con el mercado mundial en este período? Son las relaciones de una estructura pobre: minas de Potosí y cueros de la vaquería... el resto es naturaleza.  Y la historia trata de cómo la naturaleza es transformada por el trabajo en cultura. Esta transformación es la operación de poder de la especie. España producía poco. Importaba productos ingleses, italianos, holandeses, franceses y los re-exportaba a América. Su negocio era el control monopólico del transporte. Sobreprecios. España que descubre América no es la potencia hegemónica de su tiempo: es potencia militar, no industrial.  España en el siglo XVII era la América de Europa dada su dependencia manufacturera.  Las fábricas están en Gran Bretaña. Lanzados al comercio, o sea, a la piratería: el problema para España es cómo impedir los vínculos entre Inglaterra y las colonias.  El método será la Inquisición.  Y el de Gran Bretaña se condensará, en 1776, en la lucidez y visión de un nombre propio: Adam Smith.  El mejor economista del siglo XVIII, que consideraba al descubrimiento de América y el de las Indias orientales como los dos sucesos más importantes en la historia del mundo, afirmaba decisivamente: “El juicio, la razón y la experiencia han acreditado siempre de azarosos y poco favorables semejantes proyectos, pero la codicia de algunos particulares los ha solido pintar de otra suerte.  La misma pasión que sugirió a tantas gentes la absurda idea de la piedra filosofal, sugirió también la de buscar ricas minas de oro y plata[5].  La reducción del territorio saqueable entra en directa conexión con las reformas borbónicas: aumento de la tributación española Es degradación de la vida popular. Como afirma Alejandro Horowicz: la historia de la transformación de la Inglaterra medieval en moderna es la historia de la lucha por la ampliación del mercado mundial bajo la forma del libre comercio[6]. España vive del saqueo sistemático y esa forma de organizar la producción es débil: el tesoro indiano se consume por la empresa político militar en el continente europeo.  Vertiginosamente: la marina inglesa enterrará poco a poco a la España que conquisto el nuevo mundo.  España se va cayendo a pedazos, y a comienzos del siglo XIX: el Virreinato del río de la plata será el objeto político económico surgido de las relaciones de fuerza entre la decadencia absolutista y el comercio inglés.  Napoleón se encargará de que la realeza dependa de él. Cuando Francia invade Prusia y España, los Borbones no resisten porque la resistencia es nacional.  No eligen la patria sino la dinastía.  Entre ceder a Francia que es aportar a la guerra napoleónica y ceder a Inglaterra que es perder las colonias cede a quien, luego, los presiona financieramente: el subsidio a la guerra contra Gran Bretaña es el pago a Napoleón = bancarrota borbónica = renuncia al aporte colonial = paz con Francia y guerra contra Inglaterra.  Enviar metálico a España era depositarlo en Londres: piratas.  América se emancipa de su dependencia española: pasa del absolutismo español al absolutismo local.  ¿Qué es lo que estaba en juego? Inglaterra domina el mar. Napoleón la tierra. El proyecto napoleónico no es otra cosa que el intento de frenar a Gran Bretaña en el medio de la revolución industrial: intenta a aislar a Europa del mercado mundial para reducirla a una colonia de sí.  No puede frenar el mercado mundial sino que lo desplaza en tanto emperador monopólico.  Cada vez que Napoleón gana una guerra: la máquina capitalista se reinicia.  Aislar a Europa de Gran Bretaña era la estrategia contra el libre comercio y la base material para el desarrollo de cada país, es decir, la independencia.  Avance del capitalismo no es otra cosa que el avance de lo que se llamará Estado Nación. Y esto, en nuestra periferia, tendrá diferentes rodeos.  La historia de América Latina que, recientemente, se demanda a hacer nuestra es livianamente el dilema de hombres forjados en una época de disolución, de “razas” mezcladas, que lleva en sus cuerpos ascendencia múltiples, irreconciliables, a menudo antitéticas: la guerra interior del mestizo, el engañarse a sí mismo del mestizo, la riqueza del mestizo.  El padecimiento del mestizaje, afirmaba Nietzsche[7], es esa aspiración de hombres débiles que buscan, como medicina del alma, una unidad final que los tranquilice.  ¿Quiénes han encontrado en esta mezcla un estimulante para la vida, para la cultura, para la política? ¿Quiénes han visto en esto la posibilidad misma de la vida, es decir, de la mentira? ¿No existe en el mestizo mismo, en el hablar del mestizo, las cenizas de una batalla mucho más profunda que aquella del criollo? El mestizo es un efecto, es decir, un bastardo, una psicología de bastardo.  Nuestro punto de partida es una micrología del mestizaje.

 

Psicopolítica de la conquista—.  A partir del silgo XVII el mestizo va a ser una realidad generalizada en Latinoamérica, se va esparcir en todas las clases sociales como los huevos de una cucaracha erudita en escondrijos urbanos.  Para dominar una población autóctona el colonizador ejerce una política de espermas: elige una elite local, expulsa, un sistema de valores abraza a un nacido bajo la forma de Ideal de yo. Tironeado por la tierra-madre y por la cultura-padre el mestizo se va pensar a sí mismo en un arte que condensa la interpretación local del arte europeo a partir de las estructuras del mundo indígena: se va a ver a sí mismo bajo el semblante del dominador. Identificado a temas referentes a la cultura prehispánica contemporánea a la conquista pero bajo la decoración propia del arte europeo. Visible en la arquitectura religiosa cuando la elevada población indígena plantee un problema espacial a la evangelización. El arte mestizo se pondrá, entonces, en el nombre del padre[8].  La microfísica del deseo de un territorio es el núcleo de lo que Wilhelm Reich consideraba como ideología: un poder material que transforma bajo una dirección a los hombres respecto de un mecanismo de dominación que se ejerce en ellos y a través de ellos. El fascista no es solo un ejemplar de la clase media asustado por el surgimiento del fantasma rojo, de las fábricas italianas tomadas por la turba proletaria.  El fascista es un pensador.  El fascismo es un pensamiento, un pensar metafísico, religioso.  Es el creyente absoluto de ideales abstractos, éticos: la misión divina de un líder carismático, la mística de una raza de señores. La imposible identificación con el español hace del mestizo un pecador, un inferior.  El mestizaje es flujo de deseo, es decir, flujo extramatrimonial, espinoso de aceptación, reacio a las consideraciones sociales. Aunque el mestizo heredaba la situación de la madre, como esclavo, su existencia condensaba aquello que insistía a pesar de la conquista: cuerpo contra Cultura[9], contra esa cultura[10].  La ideología de la pureza racial es la asexualidad. Es un fenómeno de represión sexual, de miedo a la sexualidad, en sociedades donde sexo y estatus confluyen como economía privada. Se trata de controlar la sangre circunscripta a un tipo de medio ambiente ligado a un ideal de la especie. No nos interesa el concepto de “racialismo” como ideología que anudaría finalmente poder y biología sino el concepto psicopolítico de fascismo como figura del deseo: la teoría racista de cualquier forma de microfascismo es expresión manifiesta, material, del miedo y del temor a la sexualidad sensual, esto es, física: el deseo fascista es el deseo de la Virgen María, es la ideología que descorporiza al hombre, lima todo lo que en él hay de carne, de exceso, de goce, de bestia y lo esfuma en un Ideal de belleza absoluta. Por eso es también una forma del romanticismo. El fascismo no es la exaltación de lo masculino sino el miedo a la irrupción de lo femenino[11].  Es en este punto donde la sexualidad aparece como lo demoníaco, lo que es preciso dominar: aparece el deseo culpable y sucio, caótico, mezclado, mestizo.  Lo erótico queda sin nexo alguno con lo moral y ambos quedan identificados a razas: el español es un Señor, el mestizo “un cabecita negra”, un “negrata”, un “subversivo”, un “pibe chorro”, o un “latin lover”.  Lo que la Inquisición llamará brujería nosotros lo llamamos sexualidad. La moral es eficaz cuando es una inhibición sexual personal. En el fantasma del pensamiento fascista a la sexualidad hay que bautizarla: reprimir la mezcla étnica es reprimir las relaciones sexuales con miembros de clase baja. Así la represión sexual tiene su papel en la estructura objetiva de poder de una sociedad. La buena familia naciente de la Latinoamérica cristianizada bajo la dominación oligárquica será la ideología reaccionaria de la pequeña burguesía urbana, esto es, la barbarie. Citemos la consecuencia política que Murena extraía magistralmente: “Cuando piensa en el país políticamente, piensa que habría que reformarlo todo, piensa en crear otro país que no sea éste; es liberal, porque liberalismo significa una garantía de espíritu y universalidad, pero no vacilaría en apelar a una dictadura para imponer una constitución “perfecta”, capaz de domar para siempre a la barbarie.  Quiere a la larga a su patria, pero en los malos momentos, aunque ni siquiera se lo confiese, su amor que emana desde lo democrático y lo universal, se transformaría en el deseo de que intervinieses una potencia extranjera para liquidar los problemas de la barbarie[12]” Al final del día, el espíritu agachará su cabeza frente al Dios Padre y, como buen pecador, implorará por su redentor castigo.

 

Estatidad.

La descomposición del absolutismo español por la revolución burguesa y el mercado mundial dibujan el dilema de colonias que se van diluyendo sin ingresar al mercado mundial bajo el modo nacional. Lo que existía era enfermedad terminal, cuerpo en descomposición, putrefacción que va articulando, tejiendo, re-encarnando, en un sujeto social, en una nueva clase social, que disciplina construyendo mercado y Estado nacional al mismo tiempo. Nos interesa el concepto de “estatidad” mencionado por Oscar Oszlak en “Formación histórica del Estado en América Latina”. Se refiere al grado en que un mecanismo de dominación coagula propiedades que van a definir el rostro de un Estado.  Este concepto se construye a partir de varios atributos.  Aquí nos interesa el siguiente: Estatidad es capacidad de emitir desde el poder político una simbología específica, una codificación de los sentimientos, del lazo social, bajo la forma de ideales nacionales, esto es, el núcleo ideológico del Estado, la matriz de una subjetividad deseada: existe una sociopolítica de la circulación de ideales.  En este texto Oszlak afirma que “el verdadero problema teórico consiste en hallar condensaciones de fenómenos sociales que históricamente puedan vincularse causalmente al proceso de adquisición y consolidación de los atributos de ese estado”.  Decisiva, tanto en el Río de la Plata como en México, es la diferencia entre revolución social y batalla por la independencia.  Cuando la primera amenaza con estallar, cada vez que revienta, criollos y españoles, unificaron sus fuerzas para aplastarla. De allí, la primera experiencia política de lo que llamaremos en adelante Masas, esto es, Indios, zambos, negros, mulatos y mestizos es la de ser la carne de maniobra de la “política criolla”. México 1810: los liberales encabezan con el cuerpo de oficiales un ejército criollo de 40.000 hombres.  Aplastan la rebelión independentista de Hidalgo y Morelos. Guerra de razas y guerra social se anidan.  Para que exista independencia los sectores populares debían ponerse bajo el dictat de los liberales criollos: si avanzan, todo se congela. El bloque comercial deviene intocable, de lo contrario, se recompone y la independencia es destruída.  Este bloque colonial arrasa y confisca, en México, con la propiedad comunal indígena y exprime todo el excedente de las comunidades sobrevivientes. La condición blanca de los propietarios, disciplina, es decir, están armados y se vuelven indistinguibles a los ojos de las masas criollos y españoles.  Hay un blanco por setenta indígenas. En el virreinato del Río de la Plata la serie revolución social-batalla por la independencia tiene otra pirámide: la casta es inferior a los blancos, también en la cifra, al menos en Buenos Aires. Aquí la mezcla construye el camino del ascenso social: la distancia política es entre criollo y español; en México es entre mestizaje y criollos. En esa larga espera, que el historiador más académicamente reconocido de la literatura nacional retrata en su famosa prosa aburrida, aparecen los caudillos: el cacicazgo político. Se lo llamará neo-colonialismo, el eje es ahora Inglaterra como metrópoli. Caciquismo, caudillismo, luego clientelismos, paternalismos, y todos los ismos, van a ser la tierra donde el positivismo, como eterno retorno, unirá raza y psiquis como clínica social. A un Estado subdesarrollado le corresponderá un sujeto infradotado. La sociología del desarrollo es la continuación del sentido humanista del concepto de cultura bajo el modo de la altivez idealista: la forma occidental organizará la materia amorfa del mundo según los designios de su Razón. El texto “Cuestión de piel” de Patricia Funes trata de series descriptivas, del desprecio como concepto.  Y este Desprecio no es otra cosa que un programa político.  Pero esto es el siglo XIX.  Volvamos.  El entrelazamiento etnia-clase-nación en las sociedades latinoamericanas no es homogéneo, tampoco existe una diferencia absoluta.  Esta problemática es la de la construcción del ciudadano y del orden político-social. La cuestión que se juega se llama democracia.  Luhmann afirma que el sistema social es la diferencia entre sistema y entorno.  ¿Qué es sistema? ¿Qué hace sistema? ¿Cuál es el resto como entorno? ¿Cuál es la diferencia, es decir, la traza de límites del poder?  Estas misma preguntas se pueden formular como ¿Quién manda? ¿Sobre quien? ¿Cómo manda? ¿Para que manda? Entendemos, junto a Cardoso y Faletto, que ese trazado incide sobre la ordenación de la economía y la sociedad local, esto es, asegurar la comunicación (el sistema) con los centros hegemónicos de poder construyendo hacia adentro alianzas (lo que en nuestro país llamamos favores) con las oligarquías locales, es decir, el poder concentrado en una angosta base social, nacido bajo el modelo de la hacienda, que excluye a la mayoría de la sociedad de mecanismos de decisión política y a cuya dominación no se opone el capitalismo sino el Estado democrático.  Mencionamos a México.  Allí el avance de las relaciones capitalistas hacia 1970 no hace del mestizo un proletario por la migración campo-ciudad sino que se establecen algo así como ciudades de campesinos donde etnia y clase no se diferencian. Mulato, negro, blanco, mestizo: las masas se tensionan en toda Hispanoamérica.  Desde Montevideo a Venezuela, el mestizo es segregado.  H. Donghi relata una pequeña anécdota en su clásico “Historia contemporánea de América Latina” donde “un funcionario no logra, ni aún mediante una declaración judicial que atestigua la pureza de su sangre española, esquivar una insistente campaña que lo presenta como mestizo, y por lo tanto indigno de ocupar cargos de confianza...”  Halperín saca nuestra conclusión: se trata de una masa de descontento creciente.  Por un lado, el mestizo no logra ocupación.  Por el otro, lo logra solo por debajo del que juzga su lugar: es una tensión de clase media.  Y al y al cabo tan negrata no es.  Es un negro, pero no tanto. Es un negro, pero medido y estudioso.  Es un negro, pero lee “El quijote”. ¿Negro pulsional o Negro Racional? ¿El negro Portantiero? Mejor, volvamos...

 

 En México el mestizaje es ocioso, y “de esos hijos de familia ociosos comienzan a ser, para los observadores más agudos, un problema político: de ellos no se puede esperar lealtad alguna[13]” Aparece, entonces, la corriente de violencia subterránea que luego la criminología bien sabrá objetivizar.  La protesta india y la mestiza dominan la primera etapa de la revolución en México.  Pero son aplastados por peninsulares y criollos.  A diferencia del Sur donde “la revolución” se suponen en las elites urbanas y criollas, en México la protesta en Mestiza.  En 1810 hay una nueva pulseada: un pastor para un rebaño y un rebaño para un pastor. Miguel Hidalgo. Es la Virgen India de Guadalupe contra la Virgen María.  Lo siguen 80.000 hombres. 7000 de Trujillo le fusilan la turba.  Otro Pastor: Morelos. Ejecutado por criollos en 1815. Donghi dice que las ideas penetran. Van entrando, despacio, pero eficazmente, la Idea penetra, abre, lubrica y sacude: el criollo es penetrado por un razonamiento político. Tienen fuerza local, tienen peso económico, detestan la revolución y hacen la independencia.  Es una penetración Anal de la Idea. Los peninsulares encaran la separación política de España.  España devenía liberal y el criollo no podía ser menos, el monopolio del espíritu liberal no podía ni asomar por narices revolucionarias en un contexto liberal de España que hacía de los leales un peligro de subversión absolutista. 3 garantías, dice Iturbide: independencia, fe católica, igualdad de peninsulares y criollos. Allí están las bases de una subjetividad deseada.  ¿Y las masas? ¿O masitas? Legalmente postergadas.  La sociedad pos-revolucionaria organiza la vertiginosa caída de la sangre mezclada.  Y, en esa sociedad, los terratenientes suben, la elites urbanas caen.  La guerra devora urbes, y la tierra subsiste.  Es el huevo de oro, la semilla, el punto positivo del crecer, es decir, la clase terrateniente acumula ahora no solo peso político sino riqueza.  Las elites urbanas se quedan sin instituciones con las cuales identificarse: la victoria criolla es una derrota de los valores de la urbanidad.  El núcleo del poder terrateniente no es mercantil sino militar.  El poder se organiza desde la tierra, desde su posesión, pero no mediante el dinero sino por el favor del poder político, que es necesario cuidar y mimar.  ¿Quiénes mandan? El poder social se expresa ahora como el poder militar de los hacendados, de algunos, como siempre. Además tienen el brillo del poder económico, frente a un estado, del cual ya piden favores. La palabra muda.  La jerga es ahora las concesiones. Es el momento de la emancipación del productor rural frente al prestamista urbano y el mercader. El símbolo seré el hombre de campo.  Hacia 1850 la guerra con Estados Unidos pulveriza al México conservador: es imposible volver a los niveles de la economía colonial.  Los capitales huyen o son consumidos por la guerra. Ya no impulsan la expansión minera, la economía no se reconstruye, abiertos al extranjero por desesperación de capitales, la colonización económica hace derrumbar el orden conservador.  Hacia 1870 los caudillos de prestigio regional, o generales liberales según Donghi, se dirimen el Estado. Juárez era el Estado pensado bajo la ideología iusnaturalista.  Díaz, vencedor, es el Estado pensado bajo la medicina social positivista. Y reconcilia el poder local con el internacional. La ideología oficial dice que el México de Díaz es el México mestizo: es la síntesis estatal del indio y el español. En el México de los mexicanos el mestizo llama la atención del policía.  Díaz es el poder terrateniente que avanza sobre la tierra india.  Luego vendrán Pancho Villa y Zapata. Constitución de 1917, nacionalización de la riqueza del subsuelo, reforma agraria, sindicalismo, anticlericalismo y denuncia de parte de los liberales de corrupción. Y Calles. Calles lleva adelante una empresa de descristianización, una desaforada eliminación de la huella católica.  Donghi decía que la lucha antirreligiosa mantenía viva las tensiones del pasado.  Y tenía razón... como retorno de lo reprimido: se estaban comiendo a Dios-Padre, esos buenos cristianos, que seguían siendo.

 

El Alto Perú era el núcleo demográfico y económico: las minas de Potosí y de Oruro, una ciudad de puro consumo como Chuquisaca, y una estructura que goza al indígena: el español que lo somete y el cacique, cura y corregidor que refuerza esa extracción de sangre.  Abunda el mestizaje, también en la urbanidad.  Hay lengua mestiza: quechua y aimara y fuera de las ciudades suelen no entender español. Ya hemos relatado los problemas de segregación en la sociedad colonial.  En Bolivia la abolición del tributo y la división de las tierras indígenas de comunidad fracasan: lo que avanza es la propiedad privada de caciques hacendados que amplían tierras.  El 80 por ciento de los ingresos fiscales de Bolivia es tributo indígena entre 1835/1865. Santa Cruz impone la unión de Perú y Bolivia y los poderes se concentran en él, salvo Lima. No tiene a su favor a los sectores populares: quiere deshacer la comunidad de tierras indígenas bajo el modo de la propiedad individual.  La elite urbana se burla de él que no olvidan que el Protector es hijo de una cacica india.  En 1848 sube al poder Belzú que apela a las clases populares como recurso político: la plebe mestiza entra en la escena política.  Sin embargo, la economía bolivia tiene escasos recursos exportables. El mapa es entre mineros, dirigentes urbanos, economía rural semiaislada, plebe urbana. ¿Qué tipo de campesino se intentaba forjar? Una prótesis del proletario (rapidez, actitud racional) y otra de trabajador rural (escasas exigencias en cuanto a salario, mansedumbre)  Se trata de un campesino apolítico, dócil, cristiano y cobarde.  Un arcaísmo económico se desliza en toda la historia de Bolivia: existe una imposibilidad de hallar excedentes que instalar en el mercado mundial. Una economía estancada socava la superioridad de las elites tradicionales, erige enfrente un grupo de gobernantes, un cuerpo de oficiales de plebeyismo inculto que mantiene, aspira a reemplazar, desprecia y adula cuando la tranza lo amerita.

 

Conclusión: El desprecio de las masas es un programa político.

 

Desarrollar, mimar, destruir. Entre evolucionistas, desarrollistas y fascistas las masas van a ser el objeto de un combate ideológico, propagandístico, militante, hasta mítico.  Adular, seducir, despreciar: las masas suscitan reconocimiento, lo imploran, lo imponen, lo ejercen, o simplemente aparecen en escena cuando el refugio privado es amenazado.  Hobbes es el pensador de una Psicopolítica basada en la bajeza humana.  Desarrolla el proyecto de convertir a la masa en súbdita.  La población entera va a ser políticamente castrada bajo la forma de la voluntad racional, como cuidado racional de sí.  Se trata de la expresión del apetito más fuerte: el miedo a la muerte.  La soberanía se contemplará como algo ajeno. Aplastar es la fuerza de Hobbes. Orden es la presencia del Leviathan.  ¿Qué hacer con las masas? ¿Convertirlas en el sujeto de la historia? ¿En súbditos? ¿En clientes? ¿En votantes comprados con vino y empanadas? ¿Qué hacer?  El Estado moderno, hobbesiano, hace de las masas un desprecio universal o una adulación pastoril bajo el modo asistencialista.  Es el reverso de lo mismo.

 

La cuestión del mestizaje atraviesa nuestro informe, y la historia latinoamericana.  No se trata de ningún punto originario, ninguna causa fundamental.  Es el efecto de las distribuciones del poder. En sus huellas, marcas, cuerpo, lenguaje, aparece, sin síntesis finales, problemáticas irreconciliables, diferencias.

 

El desprecio de las masas es un programa político: las dictaduras en esta región del mundo tenían detrás de sí la historia de un guión escrito. No solo ejecutaron un programa para la vía regia del buen ciudadano: ejecutaron el deseo de una compacta mayoría bajo el modo de los campos de muerte. Por algo será” “negratas” “cabecitas negras” son expresiones locales de ese desprecio.  No son comentarios cínicos.  Expresan el deseo de una forma.

 

Nuestra historia es la historia de la masacre.  Y nuestra subjetividad, la historia de aquello que se intento borrar, desaparecer, limar. La historia de lo que quedó, inasible, inaprensible.  La historia de un deseo clausurado.  La historia de un resto.

 

 

 



[1] Invento de Napoleón III en 1860, para los españoles se trataba de las Indias.  Adam Smith escribió en el capítulo “De las Colonias” del Libro IV de “La riqueza de las naciones”: “Quedó en aquellos países, aunque poco felices, el nombre de las Indias que Colón les quiso dar, y cuando se llegó a descubrir, con evidencia, que eran las nuevas enteramente distintas de las antiguas, fueron éstas llamadas orientales, y las primeras, en contraposición, occidentales”.

[2] Ver “Estrada y Astrada” en “Historia de las argentinas deseadas”.  Tomás Abraham.

[3] Marx distinguía en Hegel: la sustancia de Spinoza, la autoconciencia de Fichte, y la unidad absoluta del Espíritu, necesaria y contradictoria, esto era: la naturaleza metafísicamente velada separada del hombre; el espíritu metafísicamente disfrazado separado de la materia; la unidad metafísicamente disfrazada de ambos o el hombre real y la raza humana real conciliados en la Razón (revolución francesa) o, mejor dicho, en el Estado.  Ver en “Cuadernos Filosóficos” de Vladimir Ilich Lenin “La sagrada Familia”.

[4] El teórico objetivista es una ficción que se representa en la película Matriz en el personaje de Neo como “El Elegido”. El estructuralista se engaña en esa posición: es aquél que es capaz de ver nuestra realidad cotidiana como pura farsa, un universo de códigos yuxtapuestos, de series entrecruzadas, de relaciones fundamentales de base, de lógica de la historia, de lógicas globales de poder y, por lo tanto, es quien puede desconectarse de ella, manipularlas y suspender sus reglas (es Neo en Matriz volando por el aire, pero también es Vladimir Ilich Lenin) Así la realidad es para el objetivismo sea de cuño marxista o durkheimiano una invención cuyas reglas son pasibles de re-escritura: el bisturí de la Revolución, o la Cura del Estado Conciencia.  La fantasía fundamental de cualquier forma de objetivismo es una pasividad extrema que hace de nuestra experiencia consciente objetos activos, noción de que somos los instrumentos de goce del Capital, que nos chupa la sustancia vital como pilas.  Esta fantasía hace a la experiencia humana dentro del sistema de producción capitalista: por un lado, la realidad reducida a codificaciones sucesivas; por el otro, la verdad oculta de la misma: el sujeto en un formol, el humano hongo, la pasividad absoluta e instrumentalizada.  Este análisis puede encontrarse extensamente desarrollado en “The Matrix o las dos caras de la perversión” por Slavoj Zizek.

[5] Ver: “De las colonias” Parte 1 “De los motivos que existen para establecer nuevas colonias”.  La riqueza de las naciones.  Adam Smith.

[6]Ver: “Los avatares del capitalismo mundial” en  El país que estalló”.  Tomo 1.  Alejandro Horowicz. 

[7] Ver en “Más Allá del Bien y del Mal”:Para la historia natural de la moral”.

[8] Un ejemplo es la Capilla Posa. Su función principal era la de servir de lugar de detención o estación en las numerosas actividades procesionales que formaban parte de los rituales empleados en la evangelización de la población indígena. Estaban en México.  Existían Capillas de Indios: recintos abiertos al exterior cuya finalidad era ofrecer un espacio común para las grandes congregaciones de nuevos humanos instruidos al culto católico cuando el interior de las iglesias no era suficiente. Una variante del arte mestizo es el denominado arte tequitqui, palabra náhuatl que significa “vasallo” y que el español José Moreno Villa utilizó para definir “el producto mestizo que aparece en América al interpretar los indígenas las imágenes de una religión importada.

[9] Iluminista, occidental.

[10] Cultura, con minúscula, o sea, concepto antropológico.

[11] Esto Bourdieu lo llama “Dominación masculina”.

[12] Ver en “Psiquis” en “El pecado orginal de América”. Héctor Murena.

[13] Del orden colonial al neo-colonial.

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Comentario[s]
09/11/2006 15:43, por Pedro Pablo Bustos Beltrán.

Interesante el texto Leonardo.

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