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Las aventuras de la Carrió en yanquilandia. E-mail
Friday, 10 November 2006, por Leonardo Sai
Se trata de diario que se llama Perfil.


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Las aventuras de la Carrió en yanquilandia

Por Leonardo Sai

 

“Es ignominioso que todos los socialistas sistemáticos crean que podrían darse circunstancias, combinaciones sociales bajo las cuales el vicio, la enfermedad, el crimen, la prostitución, la miseria, dejen de crecer... Esto significa condenar la vida”

 

La voluntad de potencia.

 Federico Nietzsche.

 

Se trata del diario que se llama Perfil y que tiene a Carrió como reportera. Diario donde los Carrió del periodismo —los fontevecchia, los Lanata, los nelsoncastros, las magdalenas— evangelizan la genética corrupción amoral de los argentinos. Donde las Carrió del humor —las flores maitenas—  desparraman su supuesto saber acerca de lo femenino. En esta especie de puchero políticamente correcto, con aderezos de centroizquierdismo pequeño burgués, siempre independiente, la Carrió es enviada exclusiva a Estados Unidos.  El parlamento en yanquilandia se renueva.  La Carrió expone que al igual que en misiones “se acabó la hipocresía”.  Carrió aparece demasiado tostada, demasiado marrón. El artículo de la Carrió es extenso. Esboza una especie de “sociología” face to face con el votante. La Carrió no entiende que la moral es, simplemente, otro fenómeno. El triunfo demócrata no es el fin de la hipocresía yanqui sino el modo que tiene esa sociedad de darse un respiro para volver a ejercerla, en breve, con Roberto Guliani, ex alcalde en New York, practicante de la tolerancia cero. Rosendo Fraga, en una columna más breve e infinitamente más precisa e inteligente, cuenta como el Ruckauf del primer mundo es hoy la ficha más deseada según la estadística.  Diario interesante el Perfil.  Es la primera y última vez que lo compro.  Daniel Link aparece como prolífico y Sebereli es magistral.  En este diario también hay un Sociólogo.  ¿Y que hace un sociólogo en esta Argentina? Lo mismo que un taxista pero con un discurso sobre las estructuraciones estructurantes de la estructura.  Cara de buen tipo, anteojos, carnet del conicet. Panza y barba son indicios de intelectual crítico. Un tipo que nos va a hablar del Poder, y de la violencia, y de las representaciones sociales, y de los valores, y de la Cultura.  El sociólogo es un bicho de aparato de estado que se involucra con lo que nos pasa, con nuestra cotidianeidad, con el fútbol, por ejemplo. Va a mirar en ese ser-ahí la trama de una crítica: periodistas, hinchas, dirigentes, empresarios, políticos. En suma: leer acerca de mafias y negociados nos hace pensar si romperle la boca a un bostero, rezar un rosario antes del partido, gritar, ir a la cancha, hacer alarde, cantar, apasionarse no trampas ilusorias, el maya del fútbol.  Saber de los entramados secretos de la pasión nos desapasiona, desilusiona, y ahora, podemos meditar la muerte y esperar el Nirvana.  Antes la gente tenía fútbol, ahora camina con MP3.  Cada vez hay menos fútbol, decirse futbolero es decirse boludo, ingenuo, marioneta del peronismo. Hay quienes se siente más inteligentes si afirman que no les interesa el fútbol.  Son demasiado bisexuales para la balón.  El sociólogo marca el tejido del negocio, del dirty money: la mancha de aceite en las aguas de la pasión. Porque esos medios hijosdeputa, porque la policía, el intendente, hinchas a sueldo, el boludo que compra el diario Olé... ¡Ay de quienes no conocen la ilusión de la democracia capitalista!  ¡Ay de quienes aspiran a ascender a primera por el esfuerzo! Ya no hay ascenso de clase en el fútbol. Hay violencia, cultura del aguante, todo es cambalache. No hay más códigos, la pelota no dobla. Tampoco nadie la pasa. ¡Primero muerto a que otro haga el gol!

 

Hay épocas en donde se necesitan ojos inocentes para ver la sociedad. El riverboquismo no es solo la concentración de la riqueza.  El “no existís” de las hinchadas no tiene que ver con la dictadura.  El discurso sociológico recibe un manto sagrado si logra infiltrar su pequeña dictadura, la masacre en plena actualización, un resto efecto o resultado de la década del 70’.  Así recibe seriedad y puede cobrarse unas facturas: “usted no hizo nada hace 30 años” “¿Dónde estaba que no militaba?” No hay culpables ni responsables en el fútbol. El sociólogo no es juez, no es un reformador social.  El sociólogo es un inútil.  Y, en tanto inútil, tampoco sirve sacar unos trapos que todos ya conocen, intuyen, sospechan y que ni siquiera constituyen un “debajo de la alfombra”. No hay ningún desenmascaramiento en todo esto. Todo el conurbano sabe que la merca tiene una buena cabeza, bigote, larva y lo votan igual. Sobran pesimistas. El pesimista segregan ácidos. Mean acidez, enferman los tejidos con su pis. Nada nace de esa tierra. La violencia no tiene que ver con el significado, ni con el poder, como dice la sociología lumpenacadémica. No es un lenguaje sino su ausencia. No es un código: es una pelea de perros. Hay montajes en la bajeza urbana. Hay quienes sienten la cancha como el yoga. Se trata de animales humanos que consideran al yoga como una mariconada, una chinada snob para reikistas, geishas, osteópatas pajeros y amas de casa desesperadas.  Encuentran en la cancha un alivio.  Un yoga del espíritu.  Un afrodisíaco para la vuelta.  El culiteta de las hinchas.  Me dicen que hay mujeres que se calientan con el olor a huevo.  La cancha no es mafia. Es calentura.  No tiene que ver con el negocio, ni con Castrilli, sino con la perversión, la buena perversión; tiene que ver el goce, con la descarga. El cuerpo no es sensible en el sentido de Adorno. El cuerpo es aguante. El cuadro del fútbol argentino no es infame. Es estéticamente bello. Pablo Alabarces es un moralista en el sentido de Durkheim.  El punto de partida de un sociólogo no es la reforma estatal, ni la crítica al espesor de una práctica enraizada en la textura de una cultura, sino la certeza de que cualquier espacio depende de las fuerzas que lo vibran y que el a priori de que una sociedad decadente, miserable y arruinada como la nuestra goza con la fascinación violenta, muerde su carne y moja el pan en la sangre de Crónica TV.

 

Las “ciencias sociales” , las “ciencias de la comunicación”, las “ciencias de la educación” “trabajo social” y todo la parafernalia estatal del pensamiento, tal como se la practica en nuestra academia, son ejercicios morales de maestros de provincia que critican lo que tiene movimiento, es decir, fisura, como un vicio que hay que corregir financiando investigaciones, proyectos de ley, campañas, reformas aquí y allá: el baile estatal.  Así se concibe la sociología pastoral: un asunto de rebaño, un pensamiento sobre ovejas.

 

Hay pasión en el fútbol; también energúmenos e hinchas de Racing. Cristianos. Los vemos todos los domingos. También en el diario Perfil.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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