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Sobre algunos films y los usos del cine. E-mail
Monday, 04 September 2006, por Leonardo Sai
El cine es una caja de herramientas, y estos films: algunas piezas.


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Sobre algunos films y los usos del cine.

Por Leonardo Sai.

Abrazar a una mujer y sentir su calor, en la oscuridad apenas iluminada por la imagen televisiva, junto a un pocillo de amargo café caliente, es una experiencia, como dice el hijo de Julio Iglesias, religiosa. Un film francés llamado “La corporación”.  Dejo para los amantes del cine la ficha de la película, de los actores, y toda esa batería de acumulación de basura informativa acerca de la producción de la escena y las formas de la interpretación acerca de lo que el director quiso o no decir.  No me acuerdo el autor del film, me dijo mi novia que era un griego no-se-cuanto.  Tampoco me interesa el cine de autor o todos esos sofisticados clanes del culto Hitchcock, Godart, Fellini, etc.  Toda esa sofistiquería pseudo-intelectual sirve para la digestión ácida de ese personaje parasitario conocido como Crítico.  Sea de cine o literatura, música o diseño, el crítico es un vampiro, es decir, un periodista que se muere por tocar, por escribir, por filmar, por crear.  El crítico no crea valor, vive de lo ajeno. La mayoría de los críticos no nos informan acerca de cómo una obra puede funcionar en ensamblajes que no son del circuito específico de las salas: adictos al DvD o VCD en sus versiones de callejera piratería.  Se trata de pensar un film en relación con aquello que no es cine, sino plástica, literatura, psicoanálisis, política. Una película es, como dice Wittgeinstein, una caja de herramientas.  Y es una caja de herramientas porque permite una sucesiva conexión en la psiquis del espectador, provoca sus afectos y lo vincula a una socialización de los sentimientos por medio de un dispositivo tecnológico: Hay una disciplina del mirar.  No se mira cualquier cosa, ni siempre del mismo modo.  La mirada es un trabajo, una ascesis: limitación y corte.  El poder disciplinario hace a la mirada normal y a la trasgresora o, como se dice por Mtv, Innovadora.  El cine es una sinfonía del sentimiento, un instrumento social para la distribución de un saber que complejiza el pensamiento acerca de lo que nos constituye: las emociones humanas, demasiado humanas.  El perfume de mi novia, acariciar su cabello, morder sus hombros, tirados en un sofá... fue cuando recordé la pregunta de un lumpendocente de la carrera de sociología.

¿Qué diferencia existe entre la sociología y la historia?  La clase se dividía en dos posturas.  Una afirmaba “la diferencia” pensada desde el objeto en sí: hay una objetividad en la disciplina que hace a la distinción.  Se trata del alumnado que pretende encontrar en la sociología algunos bisturís para extirpar el cáncer y devolver salud al cuerpo social. Es la medicina durkehmiana en su versión orgánico-marxistoide.  La otra postura afirmaba que se trata de lo que el Sujeto se pregunta: creador, inquisidor, el que inventa el objeto con su interrogar.  Es la vertiente weberiana del alumnado de las significaciones culturales, las hermeneúticas de los sentidos y los valores... o la pastoral de la buena cultura. La tercera, la del fantasma, ilustraba que no se trata ni del objeto ni del sujeto sino de la relación, esto es, “el entre”. No hay sociología en sí ni historia en sí. Nominalismo. Cualquier pregunta no es sociológica.  Hay problemáticas específicas de los campos discursivos, es decir, el orden del discurso: el espacio donde deseo y poder anidan unas disputas. 

Una película como “La corporación” puede ser materia prima para ilustrar pedagógicamente la forma de mirar un mundo.  Hay en ella cierta riqueza de elementos que van desde la psicología del personaje hasta de la cuestión social documentada, como afirma Robert Castel en su trabajito “la inseguridad social”.  La peli muestra como se vive interiormente la frustración, la guerra de yoes, la competencia en un mercado abierto y descentrado, el resquebrajamiento de la familia, el crepúsculo de la figura del padre, la piratería del software, el tiempo del sintrabajo en una cultura del trabajo, el resentimiento de la nada de no ser, la caída, la identidad descuartizada, el paliativo del estado terapéutico y asistencialista: el conocimiento que el sentido común guarda, entre escondrijos, del Capital impermanente o, como se decía hace unos años: Golondrina.

La película “Tapas” muestra el escenario español de un localismo en el cual Adrián Suar podría montar un nuevo Gasoleros.  El mundo barrial, el de las escenas mínimas, de los personajes adorables, familieros: el film es un monumento a Villa Urquiza.  Falta una panza calentando el chorizo entre el humo callejero para la digestión del carnívoro argento.  Tapas es el mundo donde “la punta tecnológica” de los imperios Gates filtran sus innovaciones y redefinen vidas cotidianas. Una mujer espera sola en su departamento que otro se conecte, otro que ama en la distancia, otro que de Buenos Aires huye, en el medio del 2001, para verla por primera vez.  Un año de chat había pasado.

Una película más para este boletín: “Eterno resplandor de una mente sin recuerdos”.  “Sacarme a esa chica/o de mi cabeza” es el grito que resuena en algunos divanes.  Se trata de la creencia en la existencia de una realidad exterior objetiva, la fiebre de la ciencia de la neurona, el saber de la informática nerviosa.  La peli afirma que el amor es una máquina de imágenes, una memoria compartida, que re-escribe constantemente, una historia del presente: volver a empezar es el amor, imperfecto es el amor, amor cuya materia es tiempo y espacio, montajes de marcas, desordenado y cursi, muy cursi.  El amor es cursi, es lindo que sea cursi, la cursilería es linda: morimos de amor cuando vemos a Joel tratando de recuperar sus recuerdos, sufrimos con él, sabemos lo que esta haciendo.  Y hay amores inolvidables.

Abrazarte, Claudia, sentir tu calor, en la oscuridad apenas iluminada por la imagen televisiva, junto a un pocillo de amargo café caliente, es una experiencia de amor, una memoria compartida: la visita de tu fantasma, el eterno retorno de una pasión.

Te amo, clau

Leonardo.

 

 

Precio: 000venus

Comentario[s]
12/10/2006 07:09, por Viviana Martinez Tosar

a veces muy posTmodernos 
al margen de lo que somos, digo: grande leo ! 
bemerkenswerter arbeit deins !

05/09/2006 02:21, por Ricardo Bravo

notable la diatriba contra los críticos, en medio de un comentario crítico! somos posmodernos, o qué! ;-) 
 
igual, excelente el comentario! y aguante BSM!

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